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Seminario traducción e interpretación especializadas (25 feb 2002)
Traducción escrita y traducción simultánea.

Daniel Scherr

Me da muchísimo gusto ver un público tan nutrido esta tarde. El título de mi ponencia es la traducción simultánea frente a la traducción escrita, y por la correspondencia que me llegó la semana pasada, constaté que ese título suscitó cierta polémica. Volveremos a la terminología en un momento. Antes de seguir, sin embargo, me gustaría preguntar: ¿Cuántos de vosotros sois traductores? ¿Cuántos sois intérpretes? ¿Cuántos hacéis las dos cosas? ¿Cuántos habéis trabajado dentro de una cabina de traducción simultánea durante el último año o cuántos habéis estado en una conferencia con traducción simultánea, escuchando o monitoreando (monitorizando) a los intérpretes?

Cuando propuse el tema de mi ponencia, el comité organizador lo cambió. Cuando pregunté el por qué de este cambio, se me contestó, y cito: No entendemos el título de tu ponencia por la simple razón de que no existe "traducción simultánea".  Esta aseveración me sorprendió muchísimo y contesté que el término "traducción simultánea" figura en el Diccionario Salamanca y el Diccionario de la Real Academia, que podéis consultar en esta misma biblioteca. La nueva edición del Diccionario de la Academia, pone, por ejemplo, "La que se hace oralmente al mismo tiempo que se está pronunciando un discurso, conferencia, etc." Que conste: Yo no tengo nada en contra de la frase "interpretación simultánea", que también se dice. Sin ir más lejos, traigo el libro de mi profesor, Isidoro Calín, "Historias de la interpretación simultánea". Pero escogí la frase "traducción simultánea" por la simetría que tiene con "traducción escrita". Y es que en España, por lo menos, muchísima gente utiliza la expresión "traducción simultánea". Yo digo traducción simultánea, aunque digo que soy intérprete. Pero ojo: si en España, si dices eso, a secas, la gente muy bien puede pensar que eres o músico o actor. Y si después de una presentación televisada del jefe de estado con traducción simultánea, alguien dice, "Oye, no me gusta cómo le han traducido a Aznar", no es tan ambiguo como "No me gusta cómo le han interpretado a Aznar".

De todos modos, creo que es muy importante fijarse en lo que la dice la gente, así que recurrí a una valiosísima herramienta que acaba de poner en marcha la Real Academia: su base de datos. Hice una búsqueda del término "traducción simultánea" y encontré unos 45 ejemplos. La mayoría son de España, pero también los hay de Venezuela, Colombia, Cuba y Argentina, Y esa mayoría española no es necesariamente significativa; es posible que la base de datos de la Academia cuente con más fuentes peninsulares, proporcionalmente hablando, que americanas. Si ustedes me permiten, me gustaría citar algunos ejemplos...

Ante el resto de ministros europeos de Pesca, Baldry evocó el problema de que el pescado británico se lo llevan empresas pesqueras que no son inglesas y que, en su opinión, son en su mayoría de capital español. De Palacio escuchaba con traducción simultánea y, en un momento, dado, oyó la palabra «saqueo». Tomó entonces la palabra para replicar a Baldry en un tono poco habitual en un consejo comunitario, según varios asistentes y habló de «piratería».

El Mundo, 1996 (España)

La siguiente cita forma parte de un discurso que Castro pronunció en Sudáfrica. La doble referencia a "traducción simultánea" y "audífonos" no deja lugar a dudas sobre lo que el jefe de estado cubano entiende por el término. Además, la cita es larga y farragosa, típica de gran parte de los discursos con los tiene que bregar el intérprete en los grandes cónclaves internacionales.

" DISCURSO DE FIDEL CASTRO ANTE EL PARLAMENTO DE SUDÁFRICA, EN CIUDAD DEL CABO, EL DÍA 4 DE SEPTIEMBRE DE 1998: Honorable Señora Frene Ginwala, presidenta de la Asamblea Nacional, Honorable señor Patrick Lekota, presidente del Consejo Nacional de Provincias, señores miembros del Parlamento sudafricano, distinguidos invitados, mientras volaba hacia Sudáfrica me dijeron que este discurso debía ser escrito por la necesidad de traducirlo e imprimirlo para aquellos invitados que no tendrían acceso a la traducción simultánea. Trataba de imaginarme cuál sería la impresión que recibiría al llegar a este Parlamento, qué podía y qué debía decir que mereciera el interés y la atención de ustedes, que tan amablemente se reunieron para escuchar mis palabras. Lo que traigo aquí con la ayuda de algunos datos que llevo conmigo es, pues, solo fruto de la imaginación, como una carta de amor que se dirige desde miles de millas de distancia a una novia que no se sabe cómo piensa, qué desea escuchar y ni siquiera qué rostro tiene. Para mí un discurso es una conversación franca e íntima. Me acostumbré por eso siempre a conversar y a dialogar con mis interlocutores mirándoles el rostro y tratando de persuadirlos de lo que les estoy diciendo. Si en algún momento me salgo de este papel para añadir algunas cosas que aquí se me ocurran al calor de las ideas, espero que los que no tienen audífono me perdonen, y los organizadores y garantes de la

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Bueno, veo que hay una mayoría de traductores aquí. Esto es lo que pensaba.

Si esta cantidad de gente ha asistido ahora, piénsese en la cantidad de gente que podría acudir si se organizara el encuentro en un momento en que tanto intérpretes como traductores pudieran asistir sin cortapisas de ningún tipo.

Antes mencioné que trabajé en una combinación muy anormal para mí, francés-español, lo cual nos lleva a un tema muy polémico en el mundillo de los intérpretes: la dirección hacia la cual se trabaja. De los traductores, ¿cuántos trabajan sólo hacia la lengua materna? ¿Cuántos trabajan both ways? ¿Cuántos hacen revisar el trabajo por otro? ¿Influye el sentido en el que se trabaja en esta decisión?

Y de los intérpretes aquí, ¿cuántos son partidarios de la traducción simultánea hacia la lengua materna? ¿Y hacia la segunda lengua?

Os cuento mi punto de vista. El intérprete, según nos comentó una vez Holly Mikkelson, quien a su vez citaba a algún teórico de la traducción simultánea, es un gestor. Tiene que descodificar la lengua de entrada y codificar el mensaje en la lengua de salida. Puede dedicarle más o menos tiempo a cada una de esas tareas. Si uno es de lengua materna inglesa, como es mi caso, e interpreta del inglés al castellano, en principio, el sentido lo capta en seguida, porque está oyendo su propia lengua, y dispone de más tiempo para plasmar la traducción en el idioma de llegada. Por otra parte, si traduce del español al inglés, podrá costarle más entender el acento del orador y tardará más tiempo en esta primera fase de descodificación. No obstante, al ser el inglés su lengua materna, podrá pasar el mensaje al inglés con mayor celeridad.

Ya hace casi diez años que hago traducción simultánea al inglés del castellano y viceversa y sé que en mi propio caso, tengo mayor rapidez cuando traduzco al español a un estadounidense, un inglés con un acento más o menos estándar o un canadiense. Si traduzco del español al inglés, lo puedo hacer bien, pero siempre y cuando el orador no se acelera demasiado. Quiere decirse de que puesto a escoger entre un orador rápido en inglés y un orador rápido en castellano, prefiero al angloparlante.

Cuando uno traduce o interpreta a partir de una lengua que no es su idioma materno, siempre cabe la posibilidad de que no entienda el sentido. Pero en la traducción escrita, hay tiempo para detectar el error. Por eso están los revisores. En la traducción simultánea, el único revisor que tienes es tu compañero de cabina y si tienes un buen entendimiento con él o con ella, esa persona puede ayudarte a evitar un error o superar un escollo la segunda vez que se presente, pero la primera vez que ocurre, estás tú solo frente al peligro. Sí, se me objetará, ¿pero la elegancia y el estilo y el acento?

Creo que en general, el público prefiere una traducción exacta, que tenga sentido, a una traducción elegante que se aparta del texto. El blablabla, aun con la prosodia más cuidada, no dejar de ser blablabla. Si las monsergas son del orador, vale, pero si las produce un error del intérprete, mal asunto. La ONU exige que sus intérpretes interpreten hacia su lengua materna, pero no todos. En las cabinas de árabe y de chino, la interpretación árabe-inglés y chino-inglés no la hacen intérpretes de lengua materna inglesa. Escuchando una vez la traducción de un ponente árabe en la ONU, me sorprendió escuchar un error básico: la confusión entre to make y to do. Y por supuesto, prácticamente todos los intérpretes a los que escuché en las cabinas árabe y chino tenían un acento extranjero en inglés.

En España he trabajado en la cabina española con muchos intérpretes que tienen el español como lengua materna. Según la ortodoxia, esta debería ser la combinación idónea: que un español traduzca al castellano a un orador de lengua inglesa.

Pues no, señores y señoras, no lo es siempre. Como para muestra vale un botón, veamos unos ejemplos:

El año pasado estaba trabajando en una conferencia sobre logística. El ponente hablaba del transporte marítimo y de la importancia de extremar las medidas de seguridad, y dijo, "Safety comes first, because when you´re at sea, the nearest point of land may be two miles ...straight down". "La intérprete dijo: "el punto de tierra más cercano podría encontrarse a dos millas de distancia", con lo cual perdió el humor y el doble sentido del ponente.

TV5, una cadena española, ofreció una traducción simultánea de los debates presidenciales del año 2000. No batieron ningún récord de audiencia porque los pasaron en vivo a las 3 de la madrugada. Pero los escuché. Era difícil escuchar a los intérpretes y a los candidatos, cuyas voces se solapaban, pero hubo unas joyas: Le preguntaron a Bush qué experiencia había tenido que haría de él un buen gestor y contestó:

Well, I saw the flooding in Del Río, and let me tell you, that really tests your mettle.

Traducción: Bueno, yo vi las inundaciones del río y eso te toca la fibra sensible.

Aquí vemos dos cosas: primero, que el intérprete no sabía que Del Río es un lugar en Tejas, cosa que hubieran sabido muchos intérpretes norteamericanos. Y tampoco entendió el significaba de la frase "to test someone´s mettle", que podría ser "poner a prueba" o "poner a prueba la entereza de uno", por lo que se sacó de la manga "te toca la fibra sensible". Una cosa que hacen muchos intérpretes cuando no entienden, y es sumamente arriesgada, es inventarse una frase que a ellos les parece razonable en vez de guardar un silencio incómodo.

En varias ocasiones, Bush dijo que su política en Medio Oriente consistiría en ayudar a los "moderate Arab states". Y cada vez que él decía "moderate Arab states", el intérprete decía "estados árabes modernos".

Recuerdo también que en 1992, en los debates presidenciales, entre Bush, Perot y Clinton, estaban los candidatos hablando de la asistencia sanitaria y uno habló del Oregon Plan, lo que el intérprete de Televisión Española vertió como "el plan orgánico". De nuevo, asistimos a una falta de conocimiento cultural y una percepción fonéticamente incorrecta.

Ahora bien, todas las ventajas que tiene el intérprete que traduce a partir de su lengua materna hacia su segunda lengua desaparecen a partir del momento en que el orador no se expresa en su lengua materna. No es lo mismo traducir a un estadounidense hablando en inglés del caso Enron que traducir a un español hablando en inglés sobre la entercolitis necrotizante. Iré más lejos. Diría que un español tiene más posibilidades de interpretar a un español hablando inglés que no un norteamericano.

Un caso concreto. Hace unas semanas, trabajé en un evento organizado por el sindicato AFL-CIO sobre el la globalización. Una de las ponentes era una sindicalista de origen chino que llevaba mucho tiempo trabajando en las fábricas de ropa en Nueva York. Al finalizar su discurso dijo, "I have been working in the government for 20 years". Y venga aplaudir y venga aplaudir. Y yo pensaba, "¿Qué tendrá de tan meritorio haber trabajado durante 20 años para el gobierno?" Hasta que habló más tarde y me di cuenta de que no había dicho "government", sino "garment", y que llevaba 20 años trabajando en el mundo de la confección. Pero como no pronunció "garment" como lo pronunciaría un hablante nativo, no encajó dentro del abanico de posibilidades fonéticas y no identifiqué correctamente esa unidad de significado.

Este problema, el de los ponentes no nativos, se ve agravado a menudo en los congresos científicos. Imaginemos un gran congreso médico. Si el congreso se da en Estados Unidos, lo más probable es que se celebre sin traducción simultánea, porque esto es Estados Unidos y si uno quiere asistir, más vale que sepa inglés. Y si no, que no venga.

En Europa, sin embargo, no pueden exigir que todos hablen y entiendan inglés. Una conferencia médica en España podría tener traducción simultánea al español, el idioma del país, con todas las presentaciones en inglés. En los resúmenes de los textos y el libro de ponencias, el inglés está muy cuidado, porque claro, un médico español que va a presentar un texto en inglés se lo hace corregir antes.

Sin embargo, los intérpretes que trabajan en cabina tienen que bregar con ponentes de todo el mundo. Un indio, un japonés, un francés o un español hablando inglés pueden ser auténticas pesadillas. Si uno entiende el tema del que se está hablando, si hay alguna frase que uno no capta, a lo mejor puede recurrir a su sentido común y suplirla. Pero si el tema es muy enrevesado y si encima, no logra descifrar las palabras que dice el ponente, no hay interpretación posible. Un intérprete que tiene el inglés como lengua materna no tiene ventaja alguna a la hora de interpretar a un hablante no nativo del inglés.

Y las conferencias científicas pueden tener otros factores tensionantes que no existen en la traducción escrita. El recibir o no el texto con antelación es fundamental. Si uno dispone del texto que se va a presentar el día siguiente, puede buscar las palabras problemáticas, puede estar preparado. Lamentablemente, por mucho que uno pida información previa, no siempre la recibe.

Entonces, tenemos a una persona hablando un idioma que no es su lengua materna, leyendo un discurso a toda pastilla porque le acaban de decir que le quedan cinco minutos y él no va a omitir nada, y para colmo de males, refiriéndose a unas diapositivas, que uno, desde el rincón derecho allí arriba en el gallinero, no logra divisar. No descifras los sonidos que emite el ponente, no lees las palabras que ha escrito en su diapositiva, no entiendes el tema.

Todos estos problemas provienen de la oralidad de la traducción simultánea y son un motivo por el que los congresos científicos no son santo de mi devoción. Quiero dar unos ejemplos concretos. El año pasado trabajé en un congreso de perinatología en Barcelona. Como inciso, tal vez convenga señalar que estaba previsto que asistieran 500 estadounidenses; fueron cuatro. La conferencia tuvo lugar el 25 de septiembre y muchos tuvieron miedo de viajar. El ponente, un griego afincado en Inglaterra, estaba hablando de algo que a mí me sonaba como "mucal translucency". No tenía idea de lo que era eso, pero decidí optar por "la traslucidez de la mucosa", porque se hablaba de la mucosa cervical. Vamos, me parecía una posibilidad. Mi concabina, que tenía la costumbre de ausentarse de la cabina cuando yo no estaba, estaba diciendo "traslucidez nuclear", que tampoco tenía ningún sentido para mí, pero además, yo estaba seguro de que el tío no estaba diciendo nuclear. En el primer descanso, pregunté a otra intérprete. Era la translucencia nucal, o sea de la nuca. No conocía la palabra "nucal" en inglés, y por lo tanto, aunque entendía el acento extranjero del ponente, no tenía forma de procesarlo. Este ejemplo demuestra otra tendencia que se ve en la traducción de términos científicos. Ni "translucencia" ni "nucal" figuran en el Diccionario de la Real Academia. Pero se dice "translucencia" no "translucidez" cuando se habla de la "translucencia nucal". Así lo acuñaron los científicos, tomando una traducción literal del inglés, y así se dice.

Este mismo científico, una eminencia en el campo, me hizo dudar mucho en otro momento de su ponencia. El título de su charla era "cervical length", pero él empezó hablando de los factores que determinan que un bebé nazca prematuro. Y, añadió, si nace prematuro, las posibilidades de que tenga algún defecto o no sobreviva son mayores. De repente, el ponente comenzó a hablar de CERVICAL LENGTH, y sonaba como si estuviera diciendo SURVICAL LENGTH. No sabía si estaba hablando del tiempo de supervivencia (SURVIVAL LENGTH), o de la longitud del cuello uterino (CERVICAL LENGTH). Al final, quedó claro que estaba hablando de la longitud cervical.

Recuerdo también a un ponente francés, hablando en francés. Le traducía al inglés. El congreso versaba sobre "data warehousing", y los de IBM nos había dicho claramente que en español se decía "data warehousing". Bueno, el tío estaba hablando en francés y una y otra vez decía algo que no conseguía entender. Era le wareclause. Cuando oyes algo y no entiendes lo que está diciendo el ponente, lo tratas de cotejar con todas las posibilidades que se te ocurran. Pensé, a lo mejor tiene que ver con "warehouse", pero no sonaba igual. Finalmente, me di cuenta, después de arreglármelas como pude, de que lo que estaba diciendo era "the where clause". Estaba hablando en francés, pero esa frasecita la pronunció en inglés y resultó ininteligible.

Estos problemas fonéticos no existen en la traducción escrita y combinados con la necesidad de inmediatez, hacen que la traducción simultánea sea todo un desafío, un desafío que afrontan miles de intérpretes todos los días.

Iba a terminar aquí, pero me pareció que eso sería dejar la ponencia coja. He hablado de lo que no me gusta en la traducción simultánea, pero no de lo que más me gusta, algo que no he encontrado en la traducción escrita. Es la posibilidad de encarnar un sinfín de personajes, de ser ellos durante 45 minutos, que ellos hablen a través de ti. Me he encontrado diciendo cosas que jamás expresaría como Daniel Sherr, con una fogosidad de la que sería incapaz en la vida real. El médico del que he hablado arriba, el que disertaba sobre la longitud cervical, de repente empezó a hablar sobre las bacterias vaginales. "Hay muchos médicos—decía—que siempre vigilan la concentración de bacterias en la vagina y luego recetan antibióticos para controlarlas. Y luego, una vez que dejan de medicamentarse, suben las concentraciones bacterianas. ¡Claro que suben! Si Dios, o lo que sea, hubiera querido que no hubiera bacterias en la vagina de la mujer, no hubiera puesto el ano a 5 centímetros de distancia. ¡Está claro! Aquello es como la guerra de las trincheras. Las bacterias suben y bajan". Mientras traducía todo eso, pensé "No puedo creer que yo esté diciendo eso". Y me resultaba mucho más fácil porque estaba traduciéndole al español, a un idioma que no es el mío.

Recuerdo a Chávez, hace más de un año. Esta vez traducía al inglés. "Señores y señoras—proclamó --Venezuela estaba como un barco hundido. Habíamos tocado fondo. Ahora, hemos llegado a la superficie. Y pronto, muy pronto, despegaremos". Eso fue hace un año.

Y pienso en una compañera que tuvo el inmenso privilegio de interpretar lo que probablemente fue el discurso más traducido de 2001: el que pronunció Bush una semana después del atentado terrorista contra las torres gemelas. Después me lo estuvo contando. Bush había dicho, "We´ll flush them out." Ella no estaba segura, pero tuvo que lanzarse, "Los sacaremos de sus guaridas" .

Cuando te cabe el privilegio de interpretar en situaciones así, a pesar de todos los problemas que puedes haber tenido para conseguir el trabajo o para que te paguen o para llegar a un acuerdo sobre las condiciones de trabajo, la adrenalina te recorre el cuerpo entero.

Y dices: ¡qué suerte tengo de poder dedicarme a la interpretación – o traducción – simultánea!

 

 

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